Relatos de Lockhaven

La guerra no termina

Mientras la patrulla regresa a Lockhaven, se encuentra con una extraña sorpresa

Verano, 1151

Después de comprobar que en Longsfire y Borl no hubo destrozos debido al Monstruo marino de Grasslake, la patrulla de Thom se puso en marcha hacia Lockhaven. Con ansias de llegar cuanto antes, y aun heridos de su encuentro co la bestia, Kyle buscó un atajo hacia el corazón de la Guardia.

Durante el trayecto, los Guardias se encontraron con un carro de comida volcado junto a un gran agujero excavado en la tierra, en el que aun se encontraba el alimento esparcido por el suelo, así como una manta de su propietario. Posiblemente, un mercader insensato que intentaba llegar a otro asentamiento sin la proteccion de la Guardia.

Los ratones investigaron el lugar, encontrando que las huellas del mercader acababan junto a su carro, pero no encontraron rastro alguno que seguir. Excepto un leve murmullo que provenía de la cueva. Armas en mano, se dispusieron a investigarla.

Tras bajar por la madriguera, el doble de alta que un ratón, encontraron que la madriguera, que descendía, aumentaba en tamaño. Ante ellos había una enorme puerta flanqueada por dos grandes estatuas de Comadrejas.

No cabía duda. Se encontraban en el escenario de la más cruenta guerra ue jamás hayan sufrido los ratones: Darkheather.

Cruzando las puertas, comenzaron a oler una fuerte peste a vómito. Ante ellos se expandía una amplia sala, en cuyo centro se encontraba una hoguera con un guiso sobre ella. Un guiso que aun estaba caliente. Y al otro extremo, la puerta parecía haber sido derribada.

Un gemido les sacó de sus ensoñaciones. Oculta tras una piedra, una comadreja agonizaba con dos enormes punzadas en su costada. “Idos,” decía. “Vais a atraerla.” Nathaniel montó en cólera al ver al enemigo mortal de los ratones ante él, poniendo la mano sobre su hacha. Thom le pidió a Kyle que lo apartase de allí. La comadreja parecía malherida, y solo las habilidades de medicina de Nathaniel podrían ayudarle.

Entonces los vieron. Dos enormes ojos rojos que les observaban tras la puerta derribada. Thom gritó sus órdenes. Nathaniel debía curar a la comadreja, para que pudiese escapar con ellos, mientras Kyle intentaba interponer el fuego de la hoguera entre la enorme serpiente y ellos. “Nunca creí que un ratón me salvase la vida,” mascullaba el veterano herido. “Cuando terminó la guerra no pude llegar hasta mi familia. Permanecí aquí, sobreviviendo.”. Nathaniel pudo eliminar la mayoría del veneno de la comadreja, pero para entonces la serpiente estaba encima de ellos. Mientras Thom y Nathaniel ahuyentaban al peligroso reptil con sus armas, Kyle ayudaba a la comadreja a huir. Tras unos tensos segundos de lucha, los ratones y la comadreja alcanzaron la puerta.

Entonces, la comadreja dejó pasar a los ratones y cerró el portón desde el interior. “Para mi la guerra aun no ha terminado.” Y se lanzó sobre la serpiente. Thom, apesadumbrado musitó algo que sus dos compañeros no alcanzaron a escuchar, junto a la puerta. “Ella dijo que la guerra no terminó…”

Esa noche, ninguno de los tres Guardias charló con sus compañeros como de costumbre. Todos tenían mucho en que pensar.

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Meltar

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