Relatos de Lockhaven

Porqué luchamos...
Final primera temporada

La noche estaba comenzando. Kyle afilaba su lanza mientras Thom descansaba sus viejos huesos junto al fuego, fumaba y pensaba. Los últimos días les habían traído algunas misiones, nada serio. Simples recados para un Guardia Ratón. Pero sin nada que hacer hasta que el suministro de feromonas estuviese listo para ser despachado, tareas menores como aquellas al menos les mantenían en forma.

Aun así, la mente del viejo Thom estaba lejos de allí, con sus dos hermanos, Nathaniel y Sloan. Sloan, su aprendiz.

La pequeña Sloan sobre todo. Tan llena de idealismo, energía juvenil y rebeldía. Una magnifica Guardia Ratón, si solo pudiese superar ese momento crítico de la juventud en el que crees que puedes, que tienes que demostrarle algo a alguien. Thom se palpó inconscientemente, la cicatriz de la cara.

“En realidad no hay nada que demostrar. Nadie está mirando lo que haces. Nadie”, pensó.

Casi como conjurados, la puerta del cuarto se abrió y dejó paso a dos ratones. Cansados y agotados, se derrumbaron junto a la puerta, nada más pasar. Las capas les hacían inconfundibles. Eran Guardias Ratón. Y lo que es más, eran Nathaniel y Sloan. Thom contuvo su sorpresa. Algo en sus viejos huesos se removía. El porqué estaban de vuelta se sabría pronto y sentía que este era el momento clave del aprendizaje de sus pupilos. No debía apresurarse.

Kyle se lanzó sobre sus compañeros, ansioso de noticias.

“¡Nathaniel! ¡Sloan! ¡Habéis vuelto! ¡Qué ha ocurrido? ¿Que…”
“Un ejército”, murmuró Nathaniel, algo más entero que su compañera.
“¡Un ejército! ¡De que hablas? ¡Qué ejercito?”, siguió acosando Kyle.
“Veinticinco ratones, más o menos, vienen hacia aquí, a conquistar Sprucetruck”, apuntilló Sloan, cuando finalmente se puso en pie. Su mirada se cruzo con la de Thom, durante un instante.
“¡Pero quien….”, continuó Kyle, pero Thom le interrumpió.
“Kyle, acerca a tus compañeros al fuego y mira si tenemos algo de comer”

Los ratones se reunieron junto al hogar. Nathaniel y Sloan les contaron lo que había ocurrido con Medianoche, y los refugiados, y los mercaderes y como la Guardia Ratón había intentado mediar, sin ser su labor y sin lograr grandes resultados, haciendo que Medianoche se indignara y conspirase para lanzar un ataque sobre Lockhaven.

“¡Pero es indignante! ¡Malditos empresarios chupasangres!”, exclamó con indignación Kyle.
“Pienso igual. Hay demasiados ricos comerciantes. Deberían quitarles todo, así aprenderían.”, convino Nathaniel.
“¿También a tu suegro, Nathaniel? ¿El posadero? Tu suegro ha trabajado cada hora de su vida para levantar algo propio. Algo que pretende que siga en pie cuando el muera y continúe dando trabajo a tu esposa, su hija, y quién sabe si a ti mismo cuando te sientas viejo para seguir luchando”, preguntó Thom.
“Pero hay gente que tiene demasiado y no es justo…”, continuó Nathaniel.
“La vida no es justa. Eso ya lo aprenderás. Es injusta porque la gente quiere tener lo que no tiene, da igual si lo merece o no. Y no creas que es solo un pecado de los poderosos. Eso son leyes y política y no somos políticos. Los Guardias Ratón estamos por encima de eso”, respondió Thom e hizo una pausa, mirando con toda la intención a Sloan. “Bienvenida de nuevo”.
“Gracias Thom”, dijo ella agachando imperceptiblemente la cabeza.
“Te fuiste en busca de un líder detrás del que luchar por algo justo. ¿Por qué has vuelto?”,
“Porque… porque vi como Medianoche conspiraba para tomar el poder en Lockhaven”
“Quizás en Lockhaven están equivocados”
“¡Pero es que no se preocupa de si están equivocados o no! ¡Solo le preocupa hacerse con el poder!”
“Entonces, te pregunto de nuevo, ¿Por qué has vuelto?”
“Porque mandó aquí a una tropa de 25 ratones a conquistar Sprucetruck”
“¿Y?”
“Y si lo consiguen… puede que no haya frontera de olor el año que viene y entonces…”, hizo una pausa, esperando un comentario, una pregunta, cualquier cosa, pero Thom sostuvo su mirada y nada más, “…entonces la gente sufrirá, sin distinción de ningún tipo”.
“Y nosotros somos la Guardia Ratón…”, le ayudó Thom.
“… estamos por encima de la política. Tenemos que evitar que la gente sufra”, finalizó Sloan.

Se hizo un momento de silencio junto al fuego, roto sólo por el crepitar de las llamas y el crujido de la capa de Thom, al apartar sus pliegues en busca de su bolsa.
“Si has entendido eso, entonces ya no tengo nada que enseñarte. Ten”, le dijo, tendiéndole una carta plegada y lacrada. El lacre estaba desgastado y quebradizo, señal de que llevaba bastante tiempo escrita. “Entrégasela a la matriarca cuando todo esto acabe. Ahora ya estás preparada”.

“Pero eso será si sobrevivimos. Ahora tenemos trabajo que hacer. ¿Qué tiempo calculáis que tenemos?”, preguntó Thom, tras una pausa.
“Un día. Quizás algo menos”, respondió Nathaniel.
“¿Que podemos hacer hasta que lleguen?”, los tres jóvenes ratones se miraban confusos ante la ausencia de órdenes, algo que Thom entendió. “A Sloan ya la he dado la bienvenida. Aun no ha pasado la ceremonia, pero eso es un técnicismo. Somos todos ahora Guardias Ratón. Puedo tener la última palabra, pero no estoy ya por encima de vosotros. Mi papel como tutor ha terminado. Ahora solo soy otro Guardia Ratón. ¿Qué hacemos entonces, hermanos?”
“Yo… yo puedo ir y sembrar de trampas los accesos a Sprucetruck”, se aventuró Sloan. Thom asintió.
“Yo revisaré las ventanas, puertas y accesos. Se me da bien la madera y creo que nos permitirá aguantar el asedio más tiempo”, añadió Nathaniel.
“Creo que hay que avisar a la gente. Para que evacuen a las mujeres y a los niños, y para que los adultos nos ayuden”, finalizó Kyle.
“Me parece bien”, Thom sonreía internamente, “Por mi parte ayudaré a Kyle, aunque se que no necesita mi ayuda. Tenemos poco tiempo. Aprovechadlo”.

La noche fue mucho más corta de lo que hubieran deseado los cuatro Guardias Ratón. Aun así, con el despuntar del día, Sloan terminó sus trampas y Nathaniel miraba satisfecho los refuerzos emprendidos en puertas y ventanas. Posiblemente Sprucetruck aguantaría. Tal vez.

Las gestiones de Kyle y Thom fueron menos exitosas. Los habitantes de Sprucetruck parecían poco o nada dispuestos a arriesgar sus vidas por algo que les parecía ajeno. Por la noche, en medio del terror a la guerra, había empezado la huida de los refugiados. Carros llenos de enseres se agolpaban en el camino, ratones caminando hacia el pueblo más cercano, con tal de huir de la inminente batalla. En medio de la plaza, al despuntar la mañana, un ratón de ciencia se subió a un cajón de madera y empezó a llamar a sus vecinos.

“Amigos”, gritó, “¿a que tanto miedo y prisas? Nos dicen que un ejército viene a hacerse cargo de Sprucetruck. Pues bien, yo digo ¡que se hagan cargo!”.
Thom y Kyle observaron con preocupación como más y más ratones giraban su cuello a mirarlo. Algunos incluso asentían.
“Somos científicos”, continuó, “todo mi trabajo está en esta ciudad. No soy guerrero, no soy político, esta guerra no es asunto mío. ¡Yo digo que abramos la puerta a ese nuevo ejército y rindamos la ciudad pacíficamente!”, algunos comenzaron a aclamarlo. Voces nerviosas y asustadas.
“¿Y después?”, exclamó en respuesta Thom desde el otro lado de la plaza, mientras se acercaba al cajón.
“Pues… seguimos nuestro trabajo”
“¿Y si no te dejan seguir tu trabajo? ¿Y si confiscan la feromona?”
“Nadie estaría tan loco como para…”
“Tu has visto pocas guerras hijo”, le dijo Thom, ya a su lado, “y en la guerra se hacen muchas locuras”, Thom se giró hacia el público congregado y trató de contrarrestar el efecto del derrotista. “Hacia aquí viene una turba de 25 matones, más o menos. Nada con lo que la Guardia Ratón no pueda lidiar”
“¡Pero si son cuatro!”, le interrumpió el derrotista.
“Es cierto, y quizás deberíamos darles ventaja para que no se diga que la Guardia Ratón son una panda de abusones. Pero es la guerra y no me gusta confiarme. Quizás tengan un par de ratones hábiles entre ellos, después de todo”, algunas risas nerviosas reaccionaron a la bravuconada de Thom. “Los ratones que vienen aquí, quieren la feromona. Quieren que se rompa la barrera de olor. Quieren lobos y comadrejas campando a sus anchas por el territorio. Y quieren la feromona para aislar a su ejército. Y cuando por fin, sus enemigos hayan muerto por causa de los animales, esperan insensatamente, restaurar la barrera de olor y ser los reyes de los escombros. Eso es lo que Medianoche quiere. Conozco a los de su calaña, y la gente como vosotros no le importáis nada”.
“¡Pero solo sois cuatro! No podréis pararles”, insistió el derrotista, aun sabiendo que había perdido el duelo.
“Aceptamos gustosos cualquier ayuda”, grito Kyle, callado hasta entonces. “Nos puede venir bien para vigilar puertas, ventanas, apagar fuegos, vigilar y proporcionar suministros”, a las palabras de Kyle, muchos jóvenes ratones empezaron a levantar manos y a ofrecerse voluntarios.
“¡No somos guerreros! ¿Queréis que muramos aquí por vuestra estúpida batalla y gloria?”, gimió el derrotista.
“La ruta de evacuación sigue abierta. Te sugiero que te des prisa”, le gruñó Thom.

Un par de horas más tarde, estaba casi todo dispuesto. Thom, Nathaniel y Sloan habían dispuesto una última sorpresa. Camuflado como si se tratase de un carro abandonado, habían preparado una trampa especialmente diseñada para una turba de guerreros indisciplinados. Cinco barriles de la mejor cerveza, aderezada con los mejores laxantes que pudieron encontrar. Eso le dejaría, si no fuera de combate, si vagamente aptos para el mismo.
Kyle había encontrado una inesperada ayuda de última hora. Un viejo ratón, científico, le había prometido ayuda en forma de un compuesto interesante que el sintetizaba. Al contacto con el aire, ardía como el sol en una bola de llamas. El viejo alquimista solo esperaba la señal de Kyle para hacer caer el fuego sobre el enemigo.

Con los primeros rayos del sol despuntando sobre los arboles, atisbaron a los primeros exploradores. Poco a poco, el recodo del camino, lejano aún, se plagó de guerreros armados de una forma totalmente heterogénea. Algunos descubrieron el carro con gran alegría y alborozo.
“¡Dejad la bebida para más tarde, idiotas!”, intentaba contenerlos su capitán. Pero sus guerreros no hacían caso. Los Guardias Ratón sonrieron torvamente desde su puesto de observación.

Pero la sonrisa se les borró pronto. Un estúpido ratón avanzaba por el camino con un paño blanco ondeando al final de una rama. Los soldados lo recibieron a golpes, patadas, y de los brazos lo arrastraron hasta su jefe. Postrado ante el jefe, de rodillas, murmuró algo, señaló en torno al camino con movimientos circulares.
Les estaba indicando las trampas.
Luego un gesto ostensible de ponerse una capa al cuello.
Les estaba diciendo que había Guardias Ratón en la ciudad.
El jefe de ellos miró en dirección a la misma y pareció verlos. Luego asintió. Extrajo una bolsa de dinero de su capa e hizo un gesto a su segundo. El ratón traidor se puso en pie, sin quitar los ojos de la bolsa, sin ver el puñal que había aparecido en la mano del subalterno. Era el derrotista, el que se quería rendir. Su cuerpo inerte fue lanzado a un lado y los guerreros comenzaron a arremolinarse en torno a su jefe.

“Bueno muchachos”, rompió el silencio Thom, “me parece que ese pobre idiota no ha chafado las sorpresas de Sloan”.
Aun así, el efecto de la cerveza se empezaba a notar. Muchos ratones aun seguían bebiendo, pero muchos más desaparecían con rapidez entre los árboles. Con gran rapidez.

Algo más tarde comenzó la batalla. Al principio, los ratones rebeldes intentaron un asalto frontal, como distracción para un acceso por los laterales, pero Nathaniel les estaba esperando. Muchos ratones cayeron al vacío, sujetos aun a las escalas que Nathaniel iba cortando. Kyle, ayudado por jóvenes de la ciudad, defendía con vigor la puerta y ningún guerrero conseguía entrar. Sloan y Thom batallaban en la primera línea, devolviendo los ataques del enemigo. Las fuerzas rebeldes disminuían en picado.

Pero para Thom, aquello era una inútil refriega, que solo reportaría la muerte de jóvenes ratones. Los enemigos eran ese capitán de Medianoche y su segundo. Muertos ellos, de seguro que los soldados se rendirían o huirían. Y en una maniobra suicida, aprovechó una abertura entre los grupos que asaltaban los muros de Sprucetruck y corrió hacia ellos a presentar batalla. Se dio cuenta demasiado tarde de la mirada sonriente del segundo.

Las líneas, que tan de una manera tan aparentemente caótica se habían abierto, se cerraron al levantar de la mano del segundo. Siete ratones, la mitad de los rebeldes aún activos, le rodearon y mostraron sus armas mientras los demás conseguían romper la defensa de la puerta y entrar en la ciudad, comenzando una matanza de civiles armados con piedras y garrotes.

Thom se defendía con vigor.
“Solo matones”, se decía. “Son solo matones”.
Rechazaba los ataques y de vez en cuando hería a uno de ellos, con lo cual sus defensas quedaban bajas durante un segundo. En algún lugar escuchaba la voz de Sloan, intentando llegar hasta él.
“No te hagas matar pequeña”, murmuraba para sí, entre dientes, mientras giraba y giraba ofreciendo siempre una promesa de muerte al que se acercara demasiado. Entonces vio al líder, tras dos de sus muchachos, que hacía un gesto con la espada que sostenía. Thom se lanzó en estocada limpia, y su mero impulso desequilibró a los dos matones. Pero no vio el brillo del puñal del segundo.
Cruzó espadas con el capitán y en ese momento supo que todo se había terminado.
“No más guerra para mí. Se acabó. Por fin.”

Nathaniel acudió en ayuda de Kyle, cayendo como muerte desde el cielo, saltando sobre los enemigos desde un tejado. Kyle ensartó a dos de ellos y los cuatro restante, huían, cuando el alquimista les lanzó su invento desde lo alto de la puerta. Aquellos sucios ratones desaparecieron en la bola de luz que solo dejó tras de sí un olor a requemado y negros tizones retorcidos. El fuego empezó a lamer las paredes del tronco de Sprucetruck, pero los ratones civiles se encargaron de apagarlo. Nathaniel y Kyle les dejaron solos y corrieron a campo abierto para ayudar.

Desde la distancia vieron como Sloan gritaba el nombre de Thom, derribaba con un golpe de escudo al segundo de las tropas rebeldes, para a continuación rematarlo con el canto en el suelo. La sangre la salpicó, dejando una granja roja sobre su cara y armas. Thom trastabillaba, aguantando las estocadas del capitán. La empuñadura de una daga sobresalía de su espalda, a la altura de los riñones. Finalmente, las fuerzas le fallaron, y el capitán le apartó la espada de un fuerte golpe. Cuando parecía a punto de rematarlo, Sloan cubrió el golpe con su escudo. Nathaniel y Kyle corrieron hacia allá, a ayudar. Sloan, se defendía bien pero no podía atacar. Kyle llegó primero, arreando por detrás en las rodillas al capitán, que se derrumbó en el suelo. Sloan le golpeó con el escudo, tumbándolo. Nathaniel llegó finalmente, a la carrera, y uso su hacha para terminar con la revuelta.

Tras la batalla, solo se escuchaban los quejidos de los heridos. Los lamentos de los familiares. El olor de la muerte. Y Thom, rodeado de sus pupilos agonizaba. Miraba con fijeza al cielo, inconcebiblemente luminoso, azul, recortado entre las copas de los árboles. Ni siquiera una nube lo manchaba.

“Deberíamos buscar a un medico”, dijo finalmente Kyle.
“No…”, consiguió murmurar Thom, “… no. No. La Guardia Ratón es un cuerpo. Nadie va al me… médico por un arañazo en un dedo. Mi tiempo ha pasado”.
“Thom…”, gimió Sloan.
“Lo has hecho bien… lo has hecho muy bien”, sonrió el moribundo mirando a Sloan. De repente recordó algo, cogió su espada y cortó un trozo de su propia capa, con torpeza. Solo una esquina. Luego le tendió el trozo de color rojo y la espada a la joven, aun sonriendo, y ya no habló más.

EPILOGO
“¿Abuelo, y que pasó entonces?”, preguntó el pequeño ratón blanco.
“ A Thom lo enterraron”, respondió el abuelo.
“¡Aquí? ¡En Sprucetruck?”, preguntó el inquieto joven, como ansioso de encontrar el lugar.
“No, no… lo pusieron en un carro y sus hermanos lo llevaron a Lockhaven. Ellos dijeron que tenía que cumplir su última misión. Reportar el éxito. Fueron a Lockhaven para descubrir que la rebelión de Medianoche había sido sofocada. El esperaba que sus fuerzas de Sprucetruck regresaran casi intactas. Y no volvió ninguna. Además, llevaron consigo las feromonas. Fueron restauradas las fronteras de olor y después del invierno, vino una primavera y las cosas, al final, mejoraron. Terminó el hambre”, divagó el anciano.
“¿Pero que les pasó a los Guardias Ratón, abuelo?”, se enfadó el pequeño.
“Ah, si, lo siento. A Thom le enterraron en Lockhaven, entre los héroes de la Guardia Ratón. Los tres supervivientes, Sloan, Nathaniel y Kyle fueron honrados por la Guardia y la ceremonia de aceptación de Sloan se celebró poco después. La matriarca leyó la carta de Thom sobre su pupila, y Sloan aprendió mucho sobre si misma ese día. A su lado, estaba la capa y la espada de Thom, en representación de su tutor. Thom había elegido para ella el color rojo. Creía que el rojo representaba bien la pasión que llevaba dentro, que la podía ayudar a hacer muchas cosas grandes, pero que esa pasión la podía arrastrar a tomar decisiones equivocadas que desembocaban en dolor. El rojo era un color dual. Quería Thom que ella lo recordase.”
“¿Y lo recordó, abuelo? ¿Qué les pasó luego? ¿A los tres ratones?”.
“Eso es historia para otro día. Venga pequeño, tu madre debe estar preguntándose donde nos encontramos”
“¡Pues aquí, en el campo de los héroes!”, canturreó feliz en pequeño, “¡donde cuatro ratones resistieron la ofensiva de veinticinco guerreros!”, siguió estocando imaginarios enemigos con una pequeña rama a modo de espada.
“Si, pero no se lo digas a tu madre, o me regañará”, comentó jocoso el anciano, con un brillo nostálgico en los ojos.
“¿Sabes abuelo?”
“Dime”
“¡De mayor quiero ser Guardia Ratón!”.

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Interludio - Final temporada

ANTERIORMENTE, EN LAS CRÓNICAS DE LOCKHAVEN:

Por primera vez, la patrulla de Thom se ha separado. Dividida entre ayudar a los refugiados y seguir a sus compañeros, Sloan ha abandonado su puesto para defender lo que cree correcto. Seguida por el silencioso Nathaniel, va a unirse a Medianoche para ayudar a aquellos que lo necesitan.

Mientras tanto, Kyle y Thom siguen las órdenes de la matriarca, que les ha enviado a Sprucetuck en busca de suministros para reforzar las Fronteras del Olor.

Y AHORA
Sloan corría todo lo que sus pequeñas patitas daban de sí. Llevaban días de camino, deteniéndose brevemente para comer o dormir. Nathaniel y ella debían llegar a Sprucetuck cuanto antes. O todo estaría perdido.

¿Quien habría pensado que las cosas saldrían tan terriblemente mal?

Al principio todo parecía correcto. Nathaniel había curado a aquellos refugiados que lo necesitaban, y medianoche y ella misma habían organizado a la población para racionar sus recursos. El hambre era atroz. Y los mercaderes mantenían precios abusibos, aprovechando el momento. Buitres…

Medianoche se desesperaba. Solo podía rogar porque la matriarca le ayudase a arreglar la situación. Noticias de que la propia Gwendolyn iba a intervenir en el conflicto le llenaron de esperanza. Su pecho se hinchaba de orgullo cuando llegó a la ciudad. Aquella a quien servía iba, por fin, a tomar el control de la situación. Tras duras negociaciones, el gremio de mercaderes accedió a donar un saco de grano a los refugiados.

Un solo saco.

¡Medianoche estaba furioso! Gritó a la propia matriarca que era un insulto. Que deberían reunir a la guardia y tomar lo que el pueblo necesitaba. Por la fuerza si era preciso. Cuando la matriarca le recordó que la guardia debe servir a todos los ratones, no subyugarlos, la mirada de odio de Medianoche habría helado la sangre a cualquier otra ratona.

Por miedo a lo que pudiese hacer, Sloan espió a Medianoche tras la cena. Se reunió con los cabecillas de los refugiados y de la ciudad. Y trazaron un plan: tomar Lockhaven y gobernar los territorios ratones. Ratones matando a sus hermanos.

Y Sprucetuck era la pieza clave. Medianoche sabía que si tomaban Sprucetuck controlarían las fronteras del olor. Que a la guardia no le quedaría otro remedio que claudicar. Y que apenas tenían defensas.

Esa noche, Sloan cogió a Nathaniel y echó a correr. No han parado desde entonces, y está agotada. Pero tiene que llegar. Advertir a su antiguo mentor. Defender los territorios ratones. Al final el lema de la orden es cierto:

“No importa contra lo que peleas, sino por lo que peleas.”

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El ataque de las piedras que se mueven

Primavera 1152

Queridos padre y madre,

otro invierno se ha marchado y aunque lejos en la distancia, habéis estado en mi corazón calentado los fríos días y noches. Con la llegada de los primeros rayos de sol primaveral, la guardia comienza a trabajar duro y no perdemos ni un momento en salir a diferentes misiones. Yo en particular estoy contento con ello, a pesar de las comodidades y el ambiente cálido y amigable de Lockhaven, ansío salir de esos muros que me ahogan y sentir el frío viento en mi cara. Sí, los ratones nos estamos acomodando y eso no hace perder nuestra naturaleza pero la Guardia no se dará cuenta hasta que sea demasiado tarde. Al menos pude disfrutar de la compañía de muchos de mis amigos y de aprender de ratones mucho más sabios que yo hasta que fui reclamado por Thom.

Una vez reunida la patrulla de Thom, Gwendolyn ha asignado a nuestro líder una misión. Por lo visto, sigue habiendo saqueos a mercaderes a pesar de lo ocurrido con James, quien por lo que sé, vive feliz en Grasslake. Los comerciantes de Whitepine han preparado una caravana hacia Sprucetuck con mercancías entre las que se encuentran ingredientes necesarios para mantener la frontera del olor, y han solicitado ayuda a la Guardia para que escolten la caravana ante la amenaza de saqueos cerca de Sprucetuck.

Tras lo ocurrido en lo que os narre en la anterior carta, ansiaba algo así para demostrar a Thom que puedo sustituirle como líder de patrulla si algún día llegara a faltar. Aunque Thom sigue siendo una roca y el líder en quien confiamos nuestra vida sin dudarlo, es cierto que últimamente se le ve más triste, más cansado de espíritu y de cuerpo, y quiero que este tranquilo sabiendo que su legado y sus enseñanzas permanecen para que no se arriesgue demasiado por protegernos ahora que no es el de antaño.

Antes de marchamos hacia Whitepine, Thom nos anunció la llegada de una tormenta y paró por el almacén para conseguirnos a Nathaniel, Sloan y a mi unas capas de viaje para protegernos del tiempo. ¿Veis lo que os decía de Thom el generoso y de como se preocupa por nosotros? No puedo mas que agradecer a Gwendolyn la oportunidad que me dio de cambiar de patrulla y tener a Thom como jefe y no a Jeremiah.

En el viaje, Nathaniel buscaba el camino más idóneo para evitar la tormenta pero no conseguimos escapar de su rápido paso alcanzándonos de lleno y dejándonos totalmente empapados. Agotados al avanzar sin descanso, nos perdemos cerca de Whitepine llegando a contemplar la inmensidad del mar pero un ruido nos sobresalta, las toses de Thom anuncian que se encuentra enfermo y preocupados por él, buscamos refugio.

Encontramos una cabaña cerca de la orilla del mar aparentemente abandonada y Thom mandó a Sloan a investigar mientras Nathaniel recogia leña y yo buscaba comida con la que recuperarnos. Sloan encontró la llave de la puerta y alerta, confiada como es ella, revisó la cabaña confirmando que estaba vacía y podía servirnos como refugio de la persistente lluvia. Dentro de la cabaña encontramos varios ganchos para la pesca y un poco de pescado conservado en sal que podíamos comer. Dejamos a un casi inconsciente Thom descansar en el único jergón de la cabaña, encendimos un fuego para calentarnos y los mande dormir mientras yo hacia guardia preocupado pero a la vez seguro de mi responsabilidad de dirigir al grupo y de hacerlos llegar seguros a Whitepine mientras Thom estuviera inoperante.

Vigilando mi guardia por la ventana escuché unos ruidos secos y con la escasa luz, me parecío ver algo sorprendente ¡piedras que se mueven! Sorprendido al ser algo que nunca había contemplado ni llegado a oír, intente afinar más la vista por la diminuta ventana pero sólo llegaba a ver unas figuras grandes de piedra que se movían hacia la cabaña de un modo lento pero amenazador. Para no molestar el descanso de todos mis compañeros y seguro como estaba de que todo se debía a una alucinación debido al cansancio, desperté únicamente a Nathaniel para contarle lo que había visto. Este me tomó por loco al relatarle lo que había visto pero tras un rato ambos contemplando las figuras cuando estaban más cercanas de la cabaña, comprendí lo que ocurría: ¡cangrejos!.

Tras maldecir mi lenta cabeza, desperté a Sloan y apagamos el fuego para ver si eramos capaces de aguantar cobijados en la cabaña hasta que los cangrejos se marcharan de ahí si no encontraban nada que llevarse a la boca. Pero no contaba con la fragilidad de la cabaña que no tardó en mostrarse débil ante las fuertes tenazas de los cangrejos. El ruido de las vigas desplomándose despertaron a Thom, quien nos ordenó abandonar rápidamente la cabaña en dirección opuesta a la orilla. Sloan y yo cargamos a hombros a Thom mientras Nathaniel nos indicaba por donde evitar a los cangrejos distrayéndoles valientemente. Conseguimos alejarnos lo suficiente comprobando que los lentos depredadores quedaban atrás rindiéndose en la persecución.

Mi enfado por fallar en momentos claves a mi grupo, me confundía al buscar la ruta por donde seguir nuestro camino a Whitepine lo cual me hacía enfadarme aún más por mi propia ineptitud… por lo que les tuve dando vueltas un buen rato ¡menudo explorador estoy hecho! Si no encuentro un simple camino, ¿como voy a ser capaz de guiarlos como Thom?

Por fin y gracias a Sloan, quien es una fantástica exploradora y que me recuerda a mi a mis años jóvenes, conseguimos llegar a Whitepine donde nos reciben agradecidos los mercaderes, quienes nos esperaban el día anterior. Nos cuentan sus miedos acerca de los refugiados y los saqueos a pesar de asegurarles que no tienen de que preocuparse. En concreto recordaba a uno de los mercaderes de cuando estuve en Sprucetuck y nos dice de no empezar la marcha hasta que estemos totalmente recuperados, por lo que nos quedamos en Whitepine para recuperarnos.

Allí, los sanadores curan a Thom y Nathaniel aprovechaba para organizar la caravana en previsión de problemas. Yo hablo con el gobernador Gobernador Windmor de esta ciudad para formalizar un acuerdo de ayuda entre Lockhaven y Whitepine similar al hecho con Sprucetuck. Ellos nos suministran comida y bienes a cambio de nuestra ayuda y seguridad. Sloan, asustada por el encuentro con los cangrejos, decidió aprender más sobre estos animales para futuros encuentros y por casualidad vi que entregaba una carta al mensajero hacia Lockhaven diciéndole que le fuera entregada a Medianoche. Desconozco su contenido pero supongo que sería para agradecer su viaje acompañándola hasta entregárnosla y formar parte de nuestra patrulla.

Aprovechando la recuperación de Thom, hablé con él sobre Sloan y le pedí que le concediera la capa puesto que se la ha ganado con creces en el tiempo que ha estado con nosotros y le recriminé que era demasiado protector con ella. Thom esta agotando el plazo limite de los dos años porque no está convencido del todo de que Sloan pueda ser una buena guardia ratona. A Thom no le gusta la soberbia de la ratona, pero no se da cuenta de que todos hemos sido pie tiernos alguna vez así como orgullosos y que tan solo le hace falta madurar, pero veo que no hay cosa que más desea Sloan que servir a la guardia y cumplir el juramento aún arriesgando su propia vida. Al final y con Nathaniel apoyándome, conseguimos que Thom hablara con ella para agradecerle sus servicios y comunicarle que intercedería ante Gwendolynen este próximo invierno para que concederle la capa.

Agotando el tiempo que nos quedaba antes de que partiera la caravana, aproveche para enseñar a Nathaniel los rudimentos de la exploración y así calmar un poco mis ánimos al fallar nuevamente en mis objetivos.

Vuestro hijo que os quiere,

Kyle

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Rio Embravecido
Diario de Sloan 1

Invierno, 1151

“Se acerca el frío invierno y la impaciencia me puede, se apodera de mí, tal vez por mi juventud o mi supuesta inexperiencia.

Mi maestro Thom aun no confía en mis aptitudes, piensa que no podré con la carga de portar una responsabilidad como es pertenecer a la guardia, duda de mí, y eso me duele, roza mi orgullo y lo rasga como un cuchillo caliente derrite el queso.

Pienso la carta de recomendación de Medianoche no fue suficiente para que se diera cuenta de que mi convicción por convertirme en un defensor de los ideales que persigo desde que tengo uso de razón, es tal que lo dejaría todo con tal de conseguirlo. No quiero prejuzgar su pronta decisión, y creo que es debida a su carácter demasiado protector, pero se equivoca y se lo demostraré. Espero que cambie de opinión y lo haga pronto, deseo tener mi capa antes de la llegada del siguiente solsticio.

Por ello escribo mis memorias, para dejar constancia y ser un ejemplo de cualquier otro ratón que quiera seguir mis pasos…

Comenzaré relatando nuestra última aventura. Después de mí último trabajo guiando a los refugiados a Grasslake, donde les conseguimos trabajo, tras encontramos de nuevo Kyle, Thom y yo nos pusimos de nuevo rumbo a Sprucetuck.

Unas horas después de comenzar nuestra marcha nos encontramos con una desagradable visión, un ratón malherido, tendido en el suelo a la orilla del rio. Nos acercamos para intentar ayudarle, en un principio se mostró hostil, hasta que se percató de mi presencia, cual fue mi sorpresa que no era otro que mi amigo Lester, me alegré al verle pero me preocupé por encontrarle en ese estado. Poco le faltó para dejar este mundo.

Después de preparar un hogar para intentar secar su húmedo pelaje, le preguntamos que le había ocurrido para acabar de ese modo, Lester nos contó que se cayó de la balsa en la que viajaba a la deriva por el rio con otros miembros de la guardia, decidimos dejar a Lester descansando y reponiéndose y partir rápido para intentar ayudar a su patrulla, él no quería que le dejaramos allí, quería venir con nosotros, pero siendo sincera, creo que no habría sido sino un lastre para nosotros y que su vida habría peligrado. Thom le ordenó que se quedara junto al fuego recuperando su salud, y en cuanto se encontrase bien partiera para reecontrarse con nosotros. A regañadientes acató las ordenes del maestro.

La rivalidad siempre ha estado presente entre Lester y yo, desde que eramos pequeños ratoncillos correteando entre las hojas de los árboles, compitiendo por quien corría más, quien se escondía mejor… Pero esa rivalidad acrecentó nuestra amistad, pasabamos mucho tiempo juntos. Actualmente tenemos una especie competeción, por ver quien logra entrar primero a la guardia, pero para ninguno es un juego es más convertir nuestro sueño en realidad.

Perdonad este inciso, vuelvo con la persecución. Sin dudar nos dirigimos siguiendo la corriente intentando atajar para dar con la patrulla que iba en la balsa lo antes posible. Corrimos, saltamos, atravesamos pequeños riachuelos y nos empapamos, hacía mucho frío, y esa fue la causa por la que mis compañeros enfermaron.

Pero dimos con ellos, lo logramos, pero aun no podíamos cantar victoria, había que atraerles lo más rápido posible a la orilla. Una enorme sombra se dibujaba en el agua y se acercaba a la balsa a gran velocidad. El río se convertía en cascada unos metros más adelante y había que pensar rápido, avisamos a los de la balsa que habíamos acudido en su ayuda, su lider, Jeremiah, nos lanzó una cuerda que asió Thom con todas sus fuerzas, que no eran demasiadas, puesto que la persecución hizo mella en su salud, le ayudamos, Kyle y yo, clavamos una espada en el suelo, como sugerí a mis compatriotas y atamos la cuerda al pomo para ayudarnos a mantenerles en su sitio mientras les atraíamos hacia el lado de la orilla en el que nos encontrabamos. A punto estuvo Jeremiah de cortar la cuerda puesto que la fuerza de la corriente era tal que nos precipiba a nosotros al rio. En ese momento apareció Lester, nos siguió al poco de partir nosotros, no hizo mucho caso de las ordenes de Thom, pero gracias a su ayuda pudimos aproximar la balsa. Saltaron de la balsa rápidamente, menos mal, porque una serpiente de agua salto hacia la balsa hundiéndola.

Les salvamos, sí, y eso es lo que importa. Fuí testigo la rencilla que Kyle tenía con el lider de la otra patrulla, una historia del pasado. Decidimos montar un campamento, para reponernos del esfuerzo, se me ocurrió la maravillosa idea de preparar una revitalizante sopa que me enseñó a preparar mi tía Gimena, para combatir el resfriado, y parece que funcionó. Kyle me ayudó a buscar los ingredientes necesarios, pero creo que el merito fue mío. Y así concluyó esta hazaña, la segunda dentro de mi patrulla, pero un pasito adelante para lograr mis objetivos cercanos.”

Sloan.

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Los refugiados de Fernsdale
Las consecuencias de la guerra aun afectan las vidas en los territorios ratón...

Otoño 1151

Queridos padre y madre,

Thom tuvo que seguir hasta Lockhaven para informar a Gwendolyn mientras Nathaniel y yo nos encontrábamos en Sprucetuck esperando a que Elaine se recuperara y ayudando en lo posible a sus gentes. Un día recibimos una visita proveniente del corazón de la Guardia. Se trataba de Medianoche, el hermano de Elaine y armero principal del Lockhaven que vino a comprobar el estado de su hermana guiado por Sloan, una pie tierno al cuidado de Thom y prometedora exploradora.

Medianoche habla con palabras suaves y aduladoras pero a la vez calmantes, por lo que parece más un mercader que un guerrero. Desde luego su fama le precede y Gwendolyn confía en él para la defensa de la capital, pero hay algo que no me acaba de gustar de él aunque no se el que. Sin duda los dos hermanos son parecidos y diferentes entre sí. En cuanto a Sloan, es una ratona hábil que quiere demostrar lo que vale pero a la vez es cuidadosa en sus palabras y obedece bien las ordenes.

Como bien sabéis, en ausencia del líder de patrulla toma ese puesto el guardia de patrulla de mayor edad, por lo que al marchar Thom me confió el cuidado de Nathaniel y ahora también el de Sloan hasta que nos reunamos en Lockhaven acompañando a Medianoche y a Elaine. Es una gran responsabilidad y no sé hasta que punto puedo estar capacitado para algo así, pero por el momento solo puedo fijarme en como actúa Thom o Chauncy, mi mentor, y fiarme de mis instintos para hacerlo lo mejor que pueda.

La cosa es que estábamos hablando con Medianoche cuando los grajeos de unos mercaderes de Barkstone importunaron el descanso de los enfermos y decidimos mediar. Los mercaderes se encararon con nosotros hablándonos de sus transportistas que habían sufrido ataques de bandidos que robaban su mercancía y estaban acusando a la Guardia de no hacer nada para remediarlo. Debo confesaros que mi primer instinto era tapar la boca de esos pomposos con sus caras telas y lanzarles de una patada al bosque para que defiendan ellos mismos sus posesiones… pero se que a Thom no le gustaría ese comportamiento y me encontraba representando a la Guardia en ese momento por lo que apreté los labios y medí mis palabras al tratar con ellos.

Por lo visto, unos bandidos estaban asaltando los caminos entre Barkstone y Sprucetuck robando la mercancia aunque no dañaban a nadie en el proceso y nadie salía herido. Así que con la venia de Medianoche decidimos investigar lo ocurrido Nathaniel, Sloan y yo disfrazados de transportistas con un carro prestado por el gordo mercader.

Y así fue como hicimos el camino hacia Barkstone y cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos rodeados por un grupo de seis ratones armados con arcos que nos pillaron desprevenidos y su líder nos ordenó abandonar el carro y marcharnos por donde habíamos venido si no queríamos salir heridos.

Viéndonos en desventaja numérica y con las armas ocultas en el carro, decidí obedecer antes que evitar un derramamiento de sangre costoso para ambas partes. En ese momento me encontraba realmente enfadado y maldecía mi estupidez ¡menudo líder de patrulla estaba hecho siendo derrotado así sin presentar batalla!... pero todos sabemos que no es fácil tomar decisiones cuando la vida de los tuyos está en juego.

Tras esperar unas horas, seguimos el rastro de los bandidos hasta su refugio con la intención de infiltrarnos en él y recuperar nuestras armas para después reducir a los ladrones y llevarlos ante la justicia. Y así esperamos al anochecer y cuando nos adentramos escondidos en el campamento, un guardia dio la alerta. Pensábamos que nos habían descubierto pero no era por nosotros si no por un búho que quería devorar a varios de los forajidos más desvalidos. Su líder, que se presento como James, nos miró y vio que nuestra única salvación residía en colaborar juntos contra esta nueva amenaza y nos devolvió las armas para luchar contra ella.

El búho se defendió con sus garras y pico, pero al verse acosado huyó llevándose a tres de los hijos de James y a mí mismo, ya herido pero deseoso de enmendar mis errores anteriores. Volvía a su nido con nosotros mientras mis compañeros nos seguían sin perder el aliento y James consiguió herirle en un ojo con una certera flecha, cosa que enfureció aún más a la rapaz. Temía por los pequeños más que por mi vida y sacando fuerzas de flaqueza conseguí herir el otro ojo del ave que nos soltó a los cuatro cayendo en la blanda nieve hasta poder ser recogidos por mis amigos sanos y salvos. El destino del búho lo desconozco, pero herido y ciego no sería capaz de cazar y no sobreviviría al invierno.

Volvimos al campamento de los bandidos e intentamos convencer a James para que depusieran las armas. En el campamento vivían seis familias que entre bandidos, mujeres y niños superaban la veintena de ratones. El aspecto de los niños desnutridos era desolador y una mirada rápida intercambiada con Nathaniel me valió para ver que compartía mi visión del problema. James nos agradeció que salváramos a sus hijos pero nos pedía que nos marcháramos por donde habíamos venido. Siguió contándonos su vida y cómo huyó de Ferndale cuando la ciudad fue arrasada por las comadrejas y decidió robar para poder dar de comer a los niños. James no se fía de la Guardia a quién acusa de dejarle a su suerte en Ferndale y estaba dispuesto a resistirse con violencia ante un posible apresamiento por nuestra parte.

Si los dejábamos partir como él pedía, las crías no sobrevivirían al invierno y además ellos debían pagar por los crímenes cometidos y si no nosotros, otros guardias podían acabar matando a James condenando aún más a esta desdichada familia. Nathaniel le sugirió a James que viajaran con él hasta Grasslake donde se necesitaban brazos fuertes para la reconstrucción del pueblo y podrían tener un hogar. Fue larga la discusión pero al final conseguimos convencerle de ello y evitar un derramamiento de sangre innecesario. Unidos somos más fuertes y sobreviviremos.

Volvimos a Sprucetuck para curarnos y hablé con el Gobernador Thomas en nombre de Gwendolyn asegurando un acuerdo de intercambio de ayuda por parte de la Guardia a cambio de suministros médicos necesarios en Lockhaven. Además, continué el entrenamiento marcial de Nathaniel comenzado por Thom y Sloan guió a James y su gente hasta Grasslake mientras Medianoche viajó hasta Barkstone para comprobar el estado de los refugiados y mediar entre ellos y los comerciantes de la ciudad.

Lo ocurrido estos días me hace ver lo desgarradora que es una guerra y como un ratón por si solo no es capaz de hacer tanto como muchos unidos. Hay peligros para un ratón mucho mayores que el invierno o los depredadores.

Vuestro hijo que os quiere,

Kyle.

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Sangre en Walnutpeck
Carta de Kyle a Bill y Jenny, sus padres

Otoño 1511

Queridos padre y madre:

junto con la carta os envio un queso hecho aqui en Sprucetuck, espero que lo disfrutéis y que ayude a que perdonéis mi tardanza en escribiros.

Os contaba en mi anterior carta el viaje hasta Sprucetuck y como Thom y sobre Elaine se encontraban enfermos. Pues bien, los sanadores nos dijeron que la curación de Elaine residía en un brebaje cuya receta se encontraba en un libro perdido en la ciudad de Walnutpeck, más allá de la frontera del olor, un viaje peligroso a territorio comadreja pero al que estábamos dispuestos a afrontar. A pesar de que Nathaniel y yo le rogamos a Thom que se quedara hasta su plena recuperación, nuestro jefe de patrulla nos dio una nueva lección de su entereza y pundonor al agarrar una simple manta de invierno y decirnos que ya estaba listo para continuar. En verdad son los mejores compañeros que uno puede desear y acciones como esta son las que me inspiran y motivan.

La nieve cubría todo el camino impidiéndonos avanzar pero gracias a varios atajos conocidos por Nathaniel y Thom y a unas raquetas de nieve que improvise con hojas, conseguimos acercarnos a nuestro destino.

Cerca de la ciudad nos encontramos con una patrulla de dos comadrejas que no nos advierten, con lo que preparé una emboscada empujando unas piedras sobre ellas y les atacamos con todo nuestro odio. La lucha fue cruenta como así lo atestiguan mis heridas (no fueron graves, no temáis) y acabamos con ellas no sin dificultad. Sin tiempo para esconder los cuerpos, nos infiltramos en la ciudad que estaba infestada de comadrejas hasta llegar a la biblioteca donde a oscuras y en completo silencio buscamos el libro hasta dar con el. Ver la ciudad mancillada por esos animales y todo ese conocimiento perdido me producía rabia y ansiaba poder clavar mi lanza en todos ellos, pero mi cabeza me decia que no era el momento ni el lugar. Ojala reconquistemos todos estos lugares perdidos por la guerra, sería el primero en ir a la lucha.

Con el preciado libro en nuestras manos, escapamos de ese lugar maldito tal y como llegamos volviendo a Sprucetuck. Allí, los cuidados de Nathaniel consiguieron que nuestro jefe se recuperará del todo quien no perdió el tiempo en enseñar a nuestro sanador a protegerse, preocupado como estaba por su seguridad. Mientras, yo calmaba mi ira tejiendo mientras esperaba a que Elaine también se recuperara con la nueva ayuda que hemos traído para poder continuar nuestro camino.

Por ahora la suerte nos cuida al seguir todos vivos pero Thom presagia peor tiempo.

Vuestro hijo, que os quiere:

Kyle

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Lluvia implacable
Gwendolyn pide a la patrulla de Thom que escolte a una joven guardia hasta Spucetruck... a través de la tormenta.

Otoño 1151

La Matriarca de Lockhaven, Gwendolyn, convoca a la patrulla de Thom para una misión. Les presenta a Elaine, una joven ratona de pelaje negro. Elaine es una talentosa científica y doctora, ya ha encontrado una combinación de plantas que podría hacer que el famoso Elixir de Sprucetuck tuviese una mayor duración. Sin embargo, una fuerte tormenta otoñal asedia los territorios, y la patrulla debe asegurarse de que Elaine llegue a tiempo.

Elaine comienza a recolectar las hierbas que necesita del jardín, con la ayuda de Kyle, que queda bastante sorprendido con el gusto de la científica por explorar el mundo y viajar por la espesura. Mientras Nathaniel se aprovisiona de vendas y medicinas, Thom observa las nubes por la ventana. “Esto es solo el principio,” dice el veterano, con la voz cansada. “Nevará.”

El grupo se pone en marcha cuanto antes. La lluvia torrencial y el frío golpeaban a los ratones con violencia. El agua creaba riadas que impedían el paso a los ratones, la lluvia les empapaba, el viento impedía sus pasos. Pero seguían avanzando, aun sin fuerzas.

Thom comenzó a sentirse febril, pero apretó los dientes y avanzó. Gwendolyn contaba con ellos. En ese momento, Elaine cayó al suelo, inconsciente. Había avanzado más allá de lo que su cuerpo le permitía sin emitir un quejido, pero su resistencia tenía un límite. El grupo encontró una pequeña caverna y decidió refugiarse allí. Pero Kyle, intuyendo que algo se ls había olvidado, giró la cabeza, para ver como una ardilla había tomado el macuto en el que Elaine llevaba sus hierbas.

Thom y Kyle se lanzaron a perseguir a la ardilla, mientras que Nathaniel atendía a la joven. A pesar de la velocidad de la ardilla y la lluvia inclemente, consiguieron acosarla y rodearla hasta que, viendose atrapada, dejó caer las hierbas y huyó. Kyle estaba furioso. ¿Como había podido olvidar algo tan importante?

Entre tanto, la joven deliraba por la fiebre. ·”Medianoche… Medianoche…” escuchó el joven curandero mientras la atendía. ¿Acaso no era ese el armero de Lockhaven?

La muchacha estaba desvanecida. La patrulla llegó al fin a Sprucetuck donde el gobernador les recibió y dejó a la joven bajo los cuidados de sus curanderos. Pero ¿Serían suficientes? La enfermedad de Elaine no la permitía desarrollar el nuevo compuesto para la nueva tanda de Elixir, por lo que Nathaniel se ofreció a ayudarles. Mientras tanto, Thom seguía afectado por las fiebres.

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La guerra no termina
Mientras la patrulla regresa a Lockhaven, se encuentra con una extraña sorpresa
Verano, 1151

Después de comprobar que en Longsfire y Borl no hubo destrozos debido al Monstruo marino de Grasslake, la patrulla de Thom se puso en marcha hacia Lockhaven. Con ansias de llegar cuanto antes, y aun heridos de su encuentro co la bestia, Kyle buscó un atajo hacia el corazón de la Guardia.

Durante el trayecto, los Guardias se encontraron con un carro de comida volcado junto a un gran agujero excavado en la tierra, en el que aun se encontraba el alimento esparcido por el suelo, así como una manta de su propietario. Posiblemente, un mercader insensato que intentaba llegar a otro asentamiento sin la proteccion de la Guardia.

Los ratones investigaron el lugar, encontrando que las huellas del mercader acababan junto a su carro, pero no encontraron rastro alguno que seguir. Excepto un leve murmullo que provenía de la cueva. Armas en mano, se dispusieron a investigarla.

Tras bajar por la madriguera, el doble de alta que un ratón, encontraron que la madriguera, que descendía, aumentaba en tamaño. Ante ellos había una enorme puerta flanqueada por dos grandes estatuas de Comadrejas.

No cabía duda. Se encontraban en el escenario de la más cruenta guerra ue jamás hayan sufrido los ratones: Darkheather.

Cruzando las puertas, comenzaron a oler una fuerte peste a vómito. Ante ellos se expandía una amplia sala, en cuyo centro se encontraba una hoguera con un guiso sobre ella. Un guiso que aun estaba caliente. Y al otro extremo, la puerta parecía haber sido derribada.

Un gemido les sacó de sus ensoñaciones. Oculta tras una piedra, una comadreja agonizaba con dos enormes punzadas en su costada. “Idos,” decía. “Vais a atraerla.” Nathaniel montó en cólera al ver al enemigo mortal de los ratones ante él, poniendo la mano sobre su hacha. Thom le pidió a Kyle que lo apartase de allí. La comadreja parecía malherida, y solo las habilidades de medicina de Nathaniel podrían ayudarle.

Entonces los vieron. Dos enormes ojos rojos que les observaban tras la puerta derribada. Thom gritó sus órdenes. Nathaniel debía curar a la comadreja, para que pudiese escapar con ellos, mientras Kyle intentaba interponer el fuego de la hoguera entre la enorme serpiente y ellos. “Nunca creí que un ratón me salvase la vida,” mascullaba el veterano herido. “Cuando terminó la guerra no pude llegar hasta mi familia. Permanecí aquí, sobreviviendo.”. Nathaniel pudo eliminar la mayoría del veneno de la comadreja, pero para entonces la serpiente estaba encima de ellos. Mientras Thom y Nathaniel ahuyentaban al peligroso reptil con sus armas, Kyle ayudaba a la comadreja a huir. Tras unos tensos segundos de lucha, los ratones y la comadreja alcanzaron la puerta.

Entonces, la comadreja dejó pasar a los ratones y cerró el portón desde el interior. “Para mi la guerra aun no ha terminado.” Y se lanzó sobre la serpiente. Thom, apesadumbrado musitó algo que sus dos compañeros no alcanzaron a escuchar, junto a la puerta. “Ella dijo que la guerra no terminó…”

Esa noche, ninguno de los tres Guardias charló con sus compañeros como de costumbre. Todos tenían mucho en que pensar.

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Problemas en Grasslake
Durante una misión rutinaria, la patrulla de Thom se ve envuelta en un terrible peligro en Grasslake
Verano, 1151

La matriarca de la Guardia Ratón, Gwendolyn, había enviado a la patrulla de Thom a reforzar la Frontera del Olor, debido a las habilidades de Kyle como rastreador. Tras derramar las feromonas en los puntos indicados sin demasiado esfuerzo, el grupo se pudo en camino a Lockhaven.

Durante el viaje, al pasar cerca de Grasslake, Harold el Cervecero, un viejo amigo de Thom, se acercó alarmado al grupo. “¡Un monstruo! ¡Un monstruo ha salido del lago y está en medio del pueblo!” A pesar de que el enorme ser solo se había colocado entre la panadería y la taberna de Harold, en su recorrido con su masivo cuerpo había destrozado el pozo y algunos muros, así como numerosas embarcaciones.

Los tres Guardia intercambiaron una mirada, y se pusieron en marcha.

Al llegar al pueblo, todos sus habitantes se habían alejado del pueblo pesquero por miedo a la bestia, aunque Thom se aseguró de que así fuese con la ayuda del Sheriff local. Una vez que estaban seguros de que nadie estaba en peligro, se acercaron para observar al ser.

Cuando llegaron a su altura, vieron su masivo cuerpo, muchas más veces más grande que ellos. Tenía un pesado caparazón que parecía indestructible, y unas terribles mandíbulas. Era una tortuga mordedora.

Mientras los personajes buscaban una forma de distraerla con fuego, se puso el sol. La tortuga, buscando el calor de la caldera, comenzó a moverse ¡Para atravesar la taberna de Harold! Thom y sus compañeros se lanzaron a un feroz combate. Thom se encaramó sobre el caparazón de la tortuga, mientras que Nathaniel intenba herir la gruesa cola de la bestia y Kyle intentaba desviar su atención. La tortuga lanzó poderosas dentelladas, lanzó de un coletazo a Nathaniel e hirió a todos los miembros de la patrulla. Sin embargo, un devastador ataque a la cabeza de la bestia terminó con el combate. Pero la tortuga se había adentrado demasiado, y derribado el alambique.

La taberna estaba destrozada y en llamas. Gracias a la rápida acción de los Guardias el fuego no se propagó, organizando a los habitantes y combatiendo las llamas a pesar de las heridas recibidas en batalla.

Cuando al fin reinó la calma en el pueblo, Harold puso una mano sobre el hombro de Thom. “Sé que has hecho lo que has podido, viejo amigo.” Eso no hizo que el veterano se sintiese mejor.

Tras la debacle, los miembros de la guardia no se detuvieron a descansar ni un momento. Kyle despedazó la bestia y ayudó al pueblo a conservar la carne, para que no sufriesen demasiado la perdida de sus botes, y Nathaniel dirigió la reconstrucción de la taberna, cuyo techo sería el caparazón de la bestia.

Cuando al fin pudieron descansar en casa de Harold, la hija de este, Flor, se acercó a Nathaniel y le confesó su amor por él, y sus deseos de que la convirtiese en su esposa. Nathaniel aceptó de buen grado, pero las dudas de su padre hicieron que retrasasen la boda hasta conocerse un poco mejor.

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