Carta Novena

Primavera 1152

Queridos padre y madre,

os escribo esta carta temiendo por vuestra salud. Como bien sabréis, el traidor Medianoche alentó a los disconformes de Barkstone para una revolución que aun teniendo ideales justos, sus métodos no se adecuan al juramento de la guardia que hizo en su día.

Confieso que cuando Sloan y Nathaniel llegaron a Sprucetuck avisándonos de los planes de Medianoche, una parte de mi me empujaba a unirme a esa revolución y luchar por un reparto justo de los bienes y acabar con las desigualdades injustas existentes entre ratones ricos y ratones pobres. Pero recordé porque me uní a la Guardia Ratón y debía defender a los habitantes de Sprucetuck sin importarme sus riquezas de los abusones de Medianoche. No señor, no podía avergonzar ni a mi mentor Lukas, ni a Thom, ni al resto de mi patrulla. Decidí que debía actuar entonces y pensar después que hacer con mi vida y hasta que punto la Guardia Ratón es un juguete en manos de los poderosos en vez de servir a los ratones sin recursos. Si debía abandonar la Guardia de acuerdo a mis principios, que así fuera, pero que mi indecisión no causara el infortunio a aquellos a quienes jure defender.

Rápidamente nos pusimos en marcha y así, mientras Nathaniel y Sloan comprobaban los pertrechos y defensas de la ciudad, Thom me acompaño para hablar con los sabios y lideres de Sprucetuck para preparar la evacuación. Los habitantes de Sprucetuck comprendieron rápidamente el peligro que se aproximaba y se preparo la marcha hacia Copperwood la mañana siguiente dejándonos solos a mis compañeros y a mi para defender Sprucetuck.

En mi búsqueda de habitantes a los que darles instrucciones para la evacuación, me encontré con un viejo que se negaba a abandonar su hogar por la llegada de unos matones y que me hizo entrega de una vieja vasija bellamente decorada que contenía un liquido maloliente que el viejo aseguraba que era fuego líquido de gran poder. Agradecido con el anciano, volví con mis compañeros donde Thom y Nathaniel estaban preparando unos carros llenos de barriles con cerveza adulterada con un veneno fabricado por Sloan que dejaba incapacitado a quien lo probara. Sloan se pasó también gran parte de la noche preparando varias trampas con las que entorpecer la llegada del ejercito de Medianoche. Es incansable esta ratona, y su espíritu luchador y entrega nos inspira a toda la patrulla. Yo mientras me dediqué a escribir una carta a Gwendolyn en la que contaba lo que sabíamos y como si caía Sprucetuck, debería reforzarse Copperwood ante la llegada de refugiados. Con la incertidumbre de si la carta alcanzaría su destino y de si valdría realmente de algo que así lo hiciera, se la entregue a una liebre que marchó rauda hacia Lockhaven dejándonos a cuatro ratones frente a docenas.

Pasamos la noche turnándonos la guardia sin ningún sobresalto y por la mañana, al salir el sol nos preparábamos a recibir el ataque mientras las caravanas de los exiliados partían. Entonces el gobernador de Sprucetuck lanzó un discurso en el que decía que él se quedaría a luchar por su hogar y otros varios hombres lo siguiero, otro científico cobarde sugería la sumisión y rendición como táctica a seguir para permanecer con vida pero Thom consiguió acallar sus parloteos de ratón rico y egoísta sugiriéndole que se marchara con la evacuación ya en marcha. ¡Contábamos con más ratones con los que defender Sprucetuck!.

Pero no había tiempo para regocijos, puesto que un niño llegó exhausto avisando de la llegada por el noroeste de los seguidores de Medianoche. Vimos frustrados como nuestros enemigos esquivaban las trampas colocadas por Sloan (después de la refriega nos enteramos de que su localización les fue revelada por el científico cobarde que sugería rendirnos. ¡Malditos sean el y su descendencia!).

Algunos exploradores encontraron la carreta llena de cerveza adulterada y con glotonería dispusieron de ella. Su capitán intentaba que se centraran en el asalto y no se anticiparan en el saqueo, pero ya era tarde y algunos ratones sufrieron las artes de Sloan y abandonaron las filas para poder aliviar los dolores de tripa que padecían. Thom aprovechó para hacer chanza de ellos cuando llegaron los soldados con sus escalas hasta la empalizada improvisada por Nathaniel, sólo para encontrarse con este y con su hacha repartiendo justicia. Era un placer ver ondear ese hacha y como era temida por sus adversarios. Thom y Sloan se encontraban defendiendo la puerta principal rechazando los invasores mientras yo me encontraba junto con los valientes habitantes de Sprucetuck restantes arrojando piedras y proyectiles a quien estuviera a tiro. Parecía que la suerte nos sonreía y aguantábamos bien el primer envite.

Pero Thom era sabio tras muchas batallas y sabía que esto eran minucias y que mientras no acabáramos con el capitán de medianoche y su segundo, esto acabaría mal para Sprucetuck. Por lo que aprovechando una apertura en las filas, se lanzó de manera suicida hacia quién comandaba a los rebeldes con Sloan siguiéndole fielmente. Mientras, aprovechando su superioridad, algunos enemigos consiguieron superar nuestras defensas y entraron en la ciudad matando a cuanto civil encontraran. ¡Que rabia al ver sangre de ratón derramada por otro ratón!. Nathaniel acabó con un par de ellos sin piedad, y el resto acabó achicharrado cuando el anciano alquimista arrojo sobre ellos el fuego liquido. Aún puedo escuchar sus gritos mientras se consumían ante el miedo de sus compañeros. Fue una muerte merecida, pero no agradable, nunca es agradable.

Sin embargo, y para vergüenza nuestra por no poder evitarlo, la desgracia nos atacó con el filo cortante de una daga. Yo no estaba presente, pero Sloan no relato como fue. Mientras Thom valientemente sembraba el terror entre las filas enemigas, descuidó su espalda y el infame lugarteniente le clavó una daga cobardemente. Sloan llegó al instante para defender a su líder de patrulla y sólo con su escudo mató al cobarde asesino para a continuación, lanzar un grito desgarrador “Thooooooooooom”. Nathaniel y yo lo escuchamos y viendo el cuerpo casi inerte de nuestro amigo arrastrándose lentamente, nos arrojamos brutalmente al auxilio de nuestros camaradas dejando a los habitantes de Sprucetuck para que se hicieran cargo de los rebeldes dispersos. Llegamos a tiempo de ayudar a Sloan a acabar con el capitán y aunque las tropas invasoras se retiraron nada más ver caer a sus lideres, la sensación que teníamos era de que la victoria había tenido un precio demasiado alto. El elixir de Sprucetuck se había salvado pero la Guardia Ratón había perdido a unos de sus mejores guerreros, porque aun con la pericia de los sanadores allí presentes sabíamos que la herida era mortal.

En sus últimos estertores, Thom entregó una carta a Sloan dando su aprobación para que consiguiera la capa y que a todos los efectos quedara constancia ante Gwendolyn de lo que todos ya sabíamos, que Sloan es un Guardia Ratón y uno más en nuestra patrulla. Thom señaló entonces a su vieja y mellada espada indicando a Sloan que ahora era suya para continuar su legado. Y al fin… Thom expiró.

No pudimos evitar llorar los allí presentes, Thom nos volvió a dar una lección de lo que significaba ser un Guardia Ratón y que cuando se lucha por una buena razón, no importa el adversario ni la fortuna de uno.

Thom no tenia familia conocida, pues todos ellos murieron durante la guerra de las comadrejas por lo que decidí entregar sus pertenencias a su pira funeraria para que le acompañaran en las batallas que libraría a partir de ahora allá donde fuera tras morir. Más al ir a arrojar su pipa, la miré y recordé con afecto como le calmaba a Thom el fumar en ella. Aunque yo no fumo, decidí guardármela como recuerdo del mejor líder de patrulla que he tenido, aquel que confío en mí aun cuando no estuviéramos de acuerdo.

Descansa al fin en paz, Thom. Esta no era tu guerra pero aún así la luchaste hasta el final… porque era lo justo.

Vuestro hijo que os quiere,

Kyle

Carta Novena

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