Carta Octava

Primavera 1152

Queridos padre y madre,

como os relataba en mi última carta, nos encontramos de camino desde Whitepine hacia Sprucetuck escoltando la caravana de mercaderes y las hierbas necesarias para el Elixir. Tras pasar la noche descansando en Whitepine nos levantamos con el sol aun somnoliento y nos dirigimos hacia Elmwood. Por si no habéis oído hablar de Elmwood, se trata de un pueblecito costero parecido a Whitepine que vive de la pesca.

Thom nos encontró un atajo para llegar pronto a Elmwood antes de anochecer y al llegar nos recibió el representante del pueblo con quien habla Lorne, el mercader que ha organizado la caravana. Hablan durante unos minutos y el representante del pueblo nos agradeció la visita puesto que los alimentos y bienes que traemos son bienvenidos aquí.

Según me encontraba ayudando a descargar el grano, se me acercó una ratona de ojos grises y tristes invitándome a comer para contarme algo. Suspicaz como soy y dado que no soy muy bueno tratando con la gente por mi trato huraño, decline con educación su invitación … más su insistencia me hizo acompañarla no sin avisar a Sloan de mi ausencia. La ratona me contó que se llamaba Alba y me llevo hasta su modesta casa protegida entre las rocas. Nada más entrar en su casa, dos torbellinos esmirriados de pelo y hueso comenzaron a rodearme y a aturdirme con sus agudas y risueñas voces. Se trataba de Timmy y Jimmy, los hijos de Alba que se mostraban encantados de ver a un miembro de la guardia. ¡Teníais que ver su cara de emoción cuando tocaron mi tosca lanza!. ¡Que muchachos! Vivimos en un bosque implacable y duro y acostumbrado como estoy a tratar con adultos egoístas y mentirosos, no sabéis como me alegra ver y escuchar a jóvenes ratones como estos, inocentes e ilusionados. Sólo por esto merece la pena servir en la Guardia, creedme.

Cuando Alba fue capaz de calmar el ímpetu de los gemelos, comenzamos a cenar y me narró la historia de su familia y como su marido, Isaac, fue un guardia ratón reclutado durante la guerra de las comadrejas y murió protegiendo Woodruffs Grove. Alba rompió a llorar y me pidió entre lagrimas un favor, tiene familiares en Barkstone que tras el crudo invierno tiene problemas de abastecimiento de víveres y la llegada de esta caravana llena de comida salvaría muchas vidas a esos hambrientos ratones. Le prometí que haría lo posible para convencer a Lorne de que nos desviáramos de nuestra ruta para hacer un alto en Barkstone y así ayudar en lo posible a esa pobre gente.

De repente, mientras recogíamos la mesa tras una excelente cena con la poca comida que Alba había usado para compartirla generosamente conmigo, escuchamos ruidos provenientes del pueblo. Al salir por la puerta casi me doy de bruces con el cangrejo más grande que he visto en mi vida. Su tamaño era tan grande que sobrepasaba la torre más alta de Lockhaven y sus pinzas eran capaces de partir piedras del tamaño de una casa. Sorprendido bajo la sombra producida por semejante bestia, pude ver a lo lejos una humareda proveniente de un gran fuego. El enorme cangrejo notó mi presencia pero antes de atacarme me dio tiempo a gritar a Alba que pusiera a salvo a los ratoncillos cuando vi aparecer a Nathaniel blandiendo su hacha.

La lucha fue dura y agotada mientras intentábamos distraer al cangrejo y poner a salvo a los habitantes del pueblo. Mi preocupación por lo que ocurriera a los pequeños de Alba hizo que me desconcentrará y un ataque de Nathaniel hizo que el cangrejo me arrinconara pero agilmente pude escapar de su ataque. Pronto se nos unió en la lucha Sloan portando una tea y Thom, quien tras apagar la hoguera apareció gritando como un loco mientras clavaba su espada entre los huecos de la armadura del cangrejo. Sólo eramos cuatro pero luchamos como si fuéramos cincuenta, distrayendo a la bestia para que su propia fuerza actuara en su contra al golpearse contra las rocas. Así, tras inutilizar sus peligrosas pinzas, le cansamos lo suficientemente como para que Nathaniel pudiera saltar sobre su enorme cabeza y bajando su poderoso hacha, en un esfuerzo increíble, pudo empujar a nuestro enemigo por el alcantilado. El increíble golpe de Nathaniel lo recordaremos de por vida los allí presentes al igual que la inmensa ola que provoco el cangrejo en su choque contra el agua.

Tras comprobar que Nathaniel se encontaba bien, nos dividimos. Yo me dedique a comprobar que los demás habitantes del pueblo se encontraban bien, comenzando por Alba y su familia, mientras Sloan guiaba a Thom y Nathaniel hacia la hoguera pues aseguraba que había visto comadrejas merodeando. Afortunadamente nadie había salido herido pero tampoco encontraron ningún rastro de alimañas ni de quien pudo iniciar el fuego. Aún así vi preocupado Thom cuando nos reunimos por la noche para hacer la guardia.

Por la mañana, antes de partir hacia Sprucetuck hable con Lorne para pedirle que desviara temporalmente la caravana hacia Barkstone para ayudar a sus pobres gentes. Lorne me recordó la misión secreta que Gwendolyn nos enconmendó para llevar a Sprucetuck las hierbas necesarias para el Elixir y la importancia de la frontera del olor para mantener a salvo al resto de los ratones, pero yo insistía en que una vez llegáramos a Sprucetuck dividiéramos la caravana en dos, una que continuara su ruta prevista hacia Gilpledge y otra nueva hacia Barkstone para llevarles víveres. Intente ser razonable y aparcar mi conocida furia… pero al levantar tanto la voz, vinieron mis compañeros de patrulla y se unieron a la disputa tras explicarles mis razones para semejante petición. A pesar de la ayuda de mis compañeros no pudimos convencer a Lorne, quien se marcho un tanto contrariado por el tono de la impetuosa Sloan.

Quizás hubiese sido de otra manera si fuera un mejor mediador pero me temo que no soy bueno con las palabras, sobre todo porque prefiero las acciones.

Al final, nos quedamos un día más para ayudar en la reconstrucción de lo destruido por el cangrejo antes de partir hacia Sprucetuck. Más tarde, Thom me llevo a un apartado para contarme sus sospechas sobre que Sloan había sido quien había iniciado el fuego pero yo no le creía capaz de hacerlo. Sloan puede ser prepotente, orgullos y temeraria pero nunca querría hacer daño al resto de ratones… yo por mi parte le conté mi odio por esos mercaderes y como me parecía una enorme injusticia el que buscaran hacer negocio en vez de ayudar a los necesitados. Thom consiguio calmarme pero no convencerme de que como guardias ratones solo debemos obedecer las ordenes dadas y no discutirlas. Me uní a la guardia para marcar diferencia y ayudar a los necesitados… no para ver como las riquezas están mal repartidas y al final los pueblos de los ricos reciben más ayuda que los pobres.

Los ratones cada vez confían más en la seguridad de las ciudades y eso provoca que las riquezas den poder. Mientras que el bosque las monedas no sirven de nada, eres tu contra la naturaleza.

De hecho, he escrito una carta a Gwendolyn comentando este hecho y como prepararnos para que el próximo invierno ningún pueblo ratón pase hambre. Pero ahora debo terminar de escribiros. Tras hablar con Alba y darle la mala noticia pero a la vez prometerle que intentaremos formar nuestra propia caravana en Sprucetuck, vamos a partir de inmediato y escucho a Thom llamarme muy enfadado por lo que entrego esta carta junto con la misiva a Gwendolyn al mensajero y continuare escribiéndoos en nuestra próxima parada.

Vuestro hijo que os quiere,

Kyle

Carta Octava

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